martes, octubre 31, 2006

Mi querido dentista

Imagino que todos habréis tenido ocasión de visitar a "vuestro querido dentista" alguna vez en la vida; para los que no, ánimo, seguid así!.
Y qué os puedo contar yo de esta fabulosa profesión en la que, si eres un potencial psicópata, disfrutarás del placer de torturar a la gente.
Para mí, ir al dentista, es como para un pobre perrillo ir al veterinario. El miedo se me huele desde Pamplona. Que por qué?. Pues muy sencillo. No creo que a nadie con dos dedos de frente no le de miedo el horrible sonido de uno de esos aparatejos de la Inquisición viniendo hacia tu pobre boca, la cual se encuentra totalmente abierta debido a un objeto de plástico que, previamente, te colocan. Vamos, que acabas pareciendo el hermanito gemelo feo de Alien, que se te ven completamente las muelas del juicio. Total, que ahí que mi querido dentista comienza a urgar como un poseso para colocarme los preciosos braquets. Esos cuadraditos de color metálico que te hacen parecer un robot de la era moderna. Vamos, que estás sexy de la muerte cuando sales de allí. Sobre todo, cuando tienes los colmillos altos, como dicen ellos, y te los tienen que "bajar" poniéndote unas pequeñas gomitas unidas entre los colmillos de arriba y los de abajo, que cuando abres la boca entonces SÍ QUE ERES el hermano gemelo feo de ALIEN. Que un día iba por la calle, abrí la boca para bostezar y, de repente, apareció Sigourney Weaver con un rifle para matarme.

Otro día, fui a que me sacaran una muela. Ahí que me plantan el abrebocas y el chupababas (dícese de una especie de pajita-tubo transparente que te ponen en la boca para que te succione toda la saliva que pueda haber en todo Miami, vamos que te quedas seco). Empieza mi "querido" dentista a tirar de la muela, a tirar, a tirar, hasta que... alaaaa, la muela que sale disparada por la habitación. Y va el tío y me dice: uy, lo siento... ¿Uy, lo siento?... será cab.... y tú ahí sangra que te sangra, escupe que te escupe y el chupababas sorbe que te sorbe....

Otro fantástico día fui a que me hicieran no sé qué en una muela, ya ni me acuerdo por culpa de la cantidad de anestesia que me pusieron...que me dejaron media cara atontada con la lengua fuera y el ojo medio cerrado como si estuviera colgando. Esta vez, me colocaron dos macro algodones en los mofletes, por dentro de la boca, y todo fue bien, hasta que mi "querido" dentista decidió sacar los algodones con unas pequeñas pinzas, como las de depilar... total, que me arreó un pellizco en el labio que me acordé de toda su familia.. Joder, para un día que no me había dolido lo que me había hecho... pues nada... el tío... uy, lo siento....

Lo peor de todo, es cuando tienes 14 años, estás en plena adolescencia, con el pelo cortado a lo afro y van y te plantan los malditos braquets que mencionaba antes. Pero eso no es realmente lo peor, lo peor peor... es cuando, una vez puestos, crees que te vas a ir de ahí de rositas, pero no... justo cuando estás saliendo de la sala en la que te los han puesto, se acerca corriendo hacia tí el dentista y te dice: "Por cierto, deberás llevar este aparato para dormir". y tú que le miras y miras lo que tiene en las manos... y ves algo que se asemeja a un casco de moto pero hecho a base de alambres..."Ala, que lo disfrutes"...

Total, que sales de ahí con ganas de suicidarte, pero no puedes, porque la anestesia aún domina a tu cuerpo, así que sales a la calle, con la lengua colgando, las manos estiradas en modo zombie, la baba cayéndose y, con todo el dolor, no eres capaz más que de hablar emitiendo una serie de sonidos guturales, tipo los hombres de las cavernas , cuando decides pedirte algo frío en un bar para que se te pase la inflamación. Ahí que tú intentas beber y alaaa, te pones a babear que no consigues meter nada de líquido dentro, empiezas a notar tu barbilla empapada... y todo el mundo allí presente flipa en colores con lo que parece ser la segunda parte de "La noche de los muertos vivientes".

Y lo más gracioso, es que tras cuatro años de terrible sufrimiento por culpa del aparato de dientes, además de que estás horrorosa y de traumatizarte teniendo que dormir con el caso de moto ese horrible que duele un montón porque va enganchado nada menos que en las muelas... sí, señores... pues llega el grandioso día en que tu "querido dentista" te cita para quitarte el aparato por finnnnn. Tú que llegas tan contento, al fin te toca el turno y te tumbas en la cama de los horrores. Ahí que el tío empieza de nuevo a urgar, hasta que, tras muuuucho dolor te quita todos y cada uno de los braquets. Te miras al espejo y estás espectacular. Ha merecido la pena.
Entonces, cuando vas a salir de ahí y, por no perder la costumbre, el dentista te para y te dice: "Espera. Tendrás ahora que usar esto como refuerzo para cuando estés en casa y por las noches durante seis meses"... y ahora le miras las manos a ver qué leches saca esta vez... y resulta ser un protector muy parecido al que llevan los boxeadores... Diossss...qué humillación. Así que te tiras todo el santo día que pareces el Tysson, que hasta te dan ganas de pedirle a tu madre un saco para poder darle puñetazos... pero eso sí... con la foto de mi "querido" dentista pegada.

2 comentarios:

NATRIBU dijo...

Hola! Me encanta tu blog!
Si te gusta la moda podrías pasarte por mi blog y verás a mujeres con estilo en la calles de Barcelona (y en más sitios de España). Y si de paso me linkeas pues mejor!
Un saludo!

Ana Bradshaw dijo...

Hola Natribu. Muchas gracias por tu comentario. A mí me ha encantado en tu blog el hecho de que intentes arreglar la vida de las personas sin que se den cuenta. Me ha gustado muchísimo esa frase. Te linkearé, no te preocupes, y te pido que hagas lo mismo.
Un saludo :)